En tu escudo ostentas tu nombre
bravo, recio y austero a la par
siendo igual condición de tus hombres
que tus campos y huertas les dan.

Gloria a ti Nazareno, resuene
que quisiste morar siempre aquí
gloria al Rey cuyo imperio no tiene
ni fronteras terrestres ni fin.

Castillo de Locubín
las márgenes de tu río
cerezo, espiga roció
quiero soñar junto a ti.

Castillo de Locubín
en invierno y en estío
tu hechizo yo lo hago mío
para cantarte sin fin.

Noche: La Villeta oculta en sombra
paz y misterio, silencio y voz.
Luz matinal: esplendente alfombra,
cae lenta , a su almena interior.

Duerme prisionera, eternamente;
resbaló la luna de azahar,
se abandona al sol y, dulcemente
le absorbe su oro al despertar.

Castillo de Locubín
las márgenes de tu río
cerezo, espiga rocío
quiero soñar junto a ti.

Castillo de Locubín
en invierno y en estío
tu hechizo y lo hago mío
para cantarte sin fin.